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Artículo: ¿El mejor calzado para trabajar? La respuesta no está en la moda, sino en cómo termina tu jornada

¿El mejor calzado para trabajar? La respuesta no está en la moda, sino en cómo termina tu jornada

Pasamos una gran parte de nuestra vida trabajando. Para muchas personas, especialmente quienes desarrollan su actividad en hospitales, clínicas, farmacias o laboratorios, eso significa pasar entre ocho y doce horas de pie, caminando de un lado a otro o permaneciendo largos periodos en la misma posición.

Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar si el calzado que utilizamos está realmente preparado para acompañarnos durante toda la jornada. No existe un único zapato perfecto para todas las profesiones, pero sí hay una serie de características que la evidencia científica y la ergonomía consideran fundamentales para proteger los pies y reducir la fatiga.

La primera es el ajuste. Un calzado demasiado estrecho obliga a los dedos a comprimirse durante horas, limitando su movilidad natural y aumentando la presión sobre el antepié. Con el tiempo, esta situación puede favorecer la aparición de molestias, rozaduras o deformidades. Por el contrario, una horma amplia permite que los dedos se expandan de forma natural al caminar y contribuye a repartir mejor las cargas.

La estabilidad también desempeña un papel importante. Un buen calzado profesional debe ofrecer seguridad en cada paso, especialmente en superficies hospitalarias donde pueden existir líquidos o cambios de pavimento. Esa estabilidad, sin embargo, no debe conseguirse a costa de inmovilizar el pie. Caminar es un movimiento complejo que requiere flexibilidad y libertad para que la musculatura del pie pueda trabajar de forma natural.

Otro aspecto clave es el peso. Aunque muchas veces pasa desapercibido, cada gramo cuenta cuando se repite el mismo gesto miles de veces al día. Un calzado ligero reduce el esfuerzo necesario en cada paso y contribuye a disminuir la sensación de cansancio al finalizar la jornada.

También es importante prestar atención a los materiales. En entornos sanitarios, el calzado debe ser transpirable, resistente, fácil de limpiar y adaptado a las exigencias de higiene propias del entorno clínico. Estas prestaciones son imprescindibles, pero no deberían comprometer el confort ni el movimiento natural del pie.

Existe además una idea muy extendida que conviene revisar: pensar que un zapato es más cómodo cuanto más acolchado tiene. La realidad es más compleja. Una revisión científica publicada en Safety and Health at Work concluye que el confort no depende únicamente de la amortiguación, sino del equilibrio entre ajuste, estabilidad, flexibilidad y soporte. Un exceso de acolchado no garantiza una mejor experiencia si el resto del diseño no acompaña correctamente la biomecánica del pie.

Por eso, la mejor forma de valorar un calzado no es cómo se siente durante los primeros cinco minutos, sino cómo responde después de toda una jornada de trabajo. Si al llegar a casa necesitas quitártelo inmediatamente, notas los dedos comprimidos o terminas con molestias en los pies, las piernas o la espalda, probablemente el problema no sea el trabajo en sí, sino el calzado que te ha acompañado durante esas horas.

En Nibo creemos que el mejor calzado para trabajar es aquel que combina seguridad, estabilidad y libertad de movimiento. Un calzado diseñado para respetar la anatomía del pie, reducir la fatiga y acompañar a quienes dedican su jornada a cuidar de los demás. Porque el mejor zapato no es el que parece cómodo al probártelo. Es el que hace que, después de miles de pasos, tus pies sigan sintiéndose bien.

Fuente: Sun, W. et al. Footwear interventions for foot comfort in standing workers: A systematic review. Safety and Health at Work (2025). https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC13023067/

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